Los textiles indígenas: Michoacán

Por: Pilar Regueiro Suárez


La indumentaria indígena, además de tener una función utilitaria, es un importante elemento que resguarda los valores y la cosmovisión de las comunidades. Incluso, una prenda puede indicar rango, edad, etnia y género, de ahí que en nuestro país exista una amplia gama de textiles que dan cuenta de la gran diversidad cultural. Si bien existen algunos rasgos que tienen sus orígenes en la época prehispánica, lo cierto es que, como la lengua, la indumentaria va cambiando con el tiempo y se adapta al contexto y las necesidades de quienes la utilizan. Dicho esto, el presente artículo pretende tratar, de manera general, diferentes aspectos relativos a los textiles indígenas, particularizando en el estado de Michoacán.

De fibras, colorantes y técnicas

Antes de pasar propiamente a los textiles indígenas michoacanos es preciso hablar acerca del desarrollo textil durante la época prehispánica, cuyas técnicas y prendas, en algunas ocasiones, sobreviven hasta nuestros días. En general, las fibras utilizadas en la indumentaria indígena prehispánica fueron de dos tipos: vegetales y animales. Dentro de las primeras destaca el uso de semillas, hojas y líber. Las fibras de semilla fueron las más preciadas por ser suaves, lustrosas y cortas, destacando el algodón dentro de ellas, aunque también se encuentran las del pochote (ceiba parvifolia).

Algodón café y blanco. Matrícula de tributos lám. 18 y 26

Por el contrario, las de hoja son fibras duras que se obtienen de distintos tipos de agave (agave lechuguilla, agave cantala, agave sisalana, agave fourcroydes, entre otros); mientras que las fibras de líber provienen de los tallos de las plantas dicotiledóneas. Sin embargo, el empleo de estas últimas en la época prehispánica es más difícil de documentar a nivel arqueológico, sólo es posible constatar su uso a partir de algunos ejemplos hallados en cuevas. En cuanto a las fibras animales, éstas fueron agregadas a los textiles con fines ornamentales; por ejemplo, se utilizó pelo de conejo y de liebre; pieles de jaguar; plumas de aves; y cabellos humanos (Mastache de Escobar, 1971: 12-15).

A su vez, las fibras fueron pintadas de diversos colores obtenidos mediante colorantes y pigmentos para crear gamas a través de su combinación. Los primeros son de origen orgánico y algunos de ellos se siguen utilizando para teñir prendas hoy día, es el caso de la grana cochinilla, el palo de Brasil, la semilla de achiote, el caracol púrpura, el palo amarillo, el carbón, entre otros (Mastache de Escobar, 1971: 21; Pincemin Deliberos, et al., 2013: 39). Los pigmentos son de origen mineral y al ser insolubles al agua, requirieron de agentes adhesivos y fijadores para incorporarse a la tela. Algunos ejemplos son la hematita y el cibabrio para el color rojo; la cal y el yeso para el blanco; la malaquita para el verde; la azurita para el azul; la limonita para el amarillo y el dióxido de manganeso presente en algunos tipos de tierra para obtener el negro (Mastache de Escobar, 1971: 24).

Caracol púrpura, fotografía tomada de Organización Radiofónica de Oaxaca

En cuanto al proceso textil sabemos que éste iniciaba con la preparación de las fibras mediante su limpieza y lavado. El siguiente paso consistía en el hilado a través de dos instrumentos: el huso y el malacate. El primero consiste en un palo con puntas delgadas y centro más grueso donde se enreda el hilo, el segundo es un disco que permite el giro del huso.

Una vez realizado el hilado se proseguía a urdir los hilos para ser colocados en el telar de cintura; este instrumento se compone de dos barras, una sujetada a un objeto fijo y otra a la cintura de la tejedora o el tejedor. Uno de los aditamentos más importantes del telar es el lizo, tira de madera en donde se sujetan los hilos de la urdimbre, éste actúa en conjunto con la varilla de paso formando un espacio llamado calada por donde se inserta la trama a través de la urdimbre (Mastache de Escobar, 1971: 26). La bobina es un pedazo delgado de madera en la que se enreda el hilo y sirve para pasar de un lado al otro del telar. Otro elemento es el machete que consiste en una madera ancha y pesada utilizada para apretar el tejido. A las diversas formas para entrelazar la trama y la urdimbre se les denomina ligamento y puede ser tan variado a partir de la imaginación de la tejedora o el tejedor.

Esquema tomado de Arqueología Mexicana. Ed. Esp. núm. 19
Cambios durante la época colonial

Con la llegada de los europeos a América se introdujeron materiales y técnicas diferentes para la elaboración de la indumentaria indígena, es el caso del telar de pedal. Algunas veces las mujeres sustituyeron los huipiles por blusas sobre las que bordaron motivos diversos y agregaron pretinas a sus enaguas; mientras que los varones comenzaron a usar pantalones y camisas, y sustituyeron las tilmas1 y los máxtlatl2 por gabanes y cinturones, respectivamente (Pomar, 2005: 34).

Indígenas tarascos durante el siglo XIX. Las mujeres usan quechquémitl y rebozo; mientras que los hombres llevan xicolli (camisa corta sin mangas) y pantalones de manta. Tomado de Antonio García Cubas, 1885.

A pesar de los cambios, las fibras, los procesos y los diseños textiles indígenas lograron mantenerse gracias a la escasez de telas y otros materiales importados de Europa, aspecto que no sólo conservó la tradición sino que permitió el desarrollo de nuevas creaciones (Pomar, 2005: 35). Como resultado, es posible ver hasta hoy el empleo del telar de cintura para la confección de prendas y también el uso de huipiles, quechquémitl,3 enaguas y fajas.

Los textiles indígenas en Michoacán

En la actualidad Michoacán conserva diferentes tradiciones indígenas textiles que combinan las técnicas y los materiales que se han mencionado antes; por ejemplo, se utiliza tanto el telar de cintura como el de pedal, y se emplean fibras orgánicas y sintéticas para la elaboración de prendas. Entre los pueblos purépechas que producen textiles, por mencionar algunos, se encuentran: Ahuiran, Angahuan, Capácuaro, Cocucho, Chapultepec, Cherán, Huáncito, Ihuatzio, Paracho, Pátzcuaro, Sevina, Terecuato, Turícuaro, Tzintzuntzan, Zacapu, entre otros.

Mapa tomado de Arqueología Mexicana, ed. especial 55.

En estas localidades se producen huanengos, fajas, enredos, delantales, camisas, gabanes, rebozos, quechquémitl y más. Los huanengos son blusas semejantes a los huipiles que comúnmente son elaboradas en telar de pedal con hilos de algodón, sobre las mantas producidas se bordan motivos geométricos o florales en punto de cruz; además, cuando son confeccionadas con otro tipo de telas también se emplea el deshilado para su ornamentación. Otras blusas, de la región lacustre, son bordadas con elementos que forman parte de la vida cotidiana en el Lago de Pátzcuaro.

Por su parte, las fajas y los quechquémitl son elaborados en telar de cintura con fibras como la lana y el algodón. Los rebozos son hechos con algodón en telar de cintura y los rapacejos son de artisela con forma de flores; aquellos de uso ceremonial llevan en el rapacejo plumas de aves diversas como cuervos, gallinas de guinea o faisanes.

Sin duda alguna falta espacio para explorar la diversidad textil purépecha, por lo que siempre se invita a visitar los pueblos michoacanos para verlos en vivo y a todo color. Cada una de las prendas guardan historias y significados de quien las elabora, precisamente por ello, en caso de querer adquirir algún textil, siempre debes tomar en cuenta el tiempo invertido en su elaboración, el conocimiento de las técnicas y la creatividad del o la tejedora. Por tanto, nunca regatees por un textil, forma parte del comercio justo y ético y, sobre todo, conoce, respeta y difunde el patrimonio textil indígena de México.

NOTAS

  1. Lienzos cuadrados que se ataban alrededor del cuello y colgaban en la parte posterior a manera de capa.
  2. Lienzo de tela usado por los hombres que se ataba a la cadera para cubrir los genitales y cuyos extremos colgaban al frente o hacia atrás.
  3. Prenda femenina superior que consiste en dos rectángulos colocados de tal forma que crean un triángulo al frente y otro en la parte posterior.

Bibliografía

Arqueología Mexicana. Textiles del México de ayer y hoy, edición especial 19, 2005.

Arqueología Mexicana. Atlas de textiles indígenas, edición especial 55, 2014.

GARCÍA CUBAS, Antonio, Atlas pintoresco e histórico de los Estados Unidos Mexicanos. Carta etnográfica, México, Debray sucesores, 1885.

Mastache de Escobar, Alba Guadalupe, Técnicas prehispánicas de tejido, México, INAH, 1971.

Pincemin Deliberos, Isabelle Sophia, et. al., “Textiles, colores y motivos en Chiapas. Del Usumacinta a los Altos”: pp. 29-43 en Anuario, México, Universidad De Ciencias y Artes de Chiapas, 2013.

POMAR, María Teresa, «La indumentaria indígena» en Arqueología Mexicana, ed. especial 19, pp. 32-39, 2005.

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